La huella hídrica

El agua que cada uno de nosotros consume no es sólo aquella que uno bebe o que utiliza al cocinar, darse una ducha o soltar el inodoro.

También al hacer el mercado o al ir de compras estamos consumiendo agua. Para producir cada alimento que comemos, cada prenda que nos ponemos, cada aparato que utilizamos y cada objeto que compramos, ha sido necesaria una gran cantidad de agua.     

La huella de agua (o huella hídrica) de una persona corresponde a toda el agua que ella utiliza, directa e indirectamente, a través de sus actividades y de los bienes y servicios que utiliza. 

Una parte de esta agua puede venir de una fuente cercana a nosotros, pero otra gran parte viene de muy lejos: de otra región del país, o incluso de otro país del mundo, si se trata de productos importados.

De esta forma, por medio de nuestras actividades cotidianas, tenemos un impacto sobre fuentes de agua situadas en lugares que nunca nos habríamos imaginado.

Los componentes de la huella de agua

El agua que consumimos puede provenir de cuerpos de agua como ríos, lagos o acuíferos subterráneos – la llamada agua azul– o puede ser el agua lluvia que utilizan las plantas para crecer –denominada agua verde–.

Además del agua que consumimos (azul o verde), la huella hídrica tiene en cuenta el agua que contaminamos, o agua gris.

La huella de agua de los productos y las empresas
 
La huella hídrica de un producto corresponde a toda el agua que fue necesaria para su producción (evaporada, incorporada al producto o contaminada), a lo largo de todo su proceso productivo y el de sus materias primas.

La huella  de un producto fabricado por una empresa en particular nos debe informar no sólo cuánta agua se requiere para su producción, sino también de qué tipo de agua (azul, verde, gris) se trata, de dónde proviene y cuándo se utilizó (época de lluvia o de sequía).
 
Si una empresa calcula la huella de agua de cada uno de los productos que produce, puede calcular su huella hídrica total.